Santiago y su mango. Raíces que dan fruto
- Edgar Román

- 12 ago
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En el corazón del municipio de Los Cabos, donde las montañas abrazan los valles fértiles, se encuentra Santiago: una comunidad orgullosa de sus raíces y de un fruto que ha crecido con ella a lo largo de más de seis décadas. Hablamos del mango, símbolo de identidad, historia y sabor en esta región del sur de Baja California.
La historia
La historia del mango en Santiago comienza hace más de 60 años, cuando las primeras semillas fueron sembradas con esperanza en las huertas familiares. Fue el inicio de una tradición agrícola que no solo transformó el paisaje, sino también la economía y la cultura local.
Doña María Elena Meza, una de las voces más reconocidas de la comunidad, recuerda con nitidez aquellos primeros años. Su padre fue uno de los pioneros en sembrar mangos en sus tierras. “Aquí se sembraba con fe, con esperanza de que diera fruto. Y así fue”, dice con orgullo. El trabajo era manual, el riego se hacía a mano, y cada árbol era cuidado como parte de la familia.
Los árboles crecieron fuertes, adaptándose al clima cálido, al agua del arroyo y al esmero de generaciones que aprendieron a podar, injertar y cosechar con sabiduría. Así, el mango de Santiago ganó fama por su dulzura, su textura tersa y su color dorado, como si atrapara el sol del desierto.
Más que una fruta, una forma de vida
Hoy, el mango representa mucho más que un cultivo. Es motor económico, punto de encuentro social e inspiración culinaria. Durante la temporada de cosecha, de junio a agosto, la comunidad se transforma: las calles se llenan de color y movimiento, las camionetas cargan cajas rebosantes, y las familias se unen para trabajar con entusiasmo y orgullo.
Cada jornada de recolección es también un acto de memoria: una continuidad viva entre generaciones, entre quienes sembraron los primeros árboles y quienes hoy disfrutan sus frutos.
En esta región hay 3 principales tipos de mango: Kent, Heidi y Criollo.
Festivales del Mango en Baja California Sur
Consciente del valor que este fruto tiene para su gente, desde hace varios años Santiago celebra el Festival del Mango, una fiesta que honra esta tradición con concursos gastronómicos, venta de productos derivados, música, danza y actividades para toda la familia.
Visitantes de todo Baja California Sur llegan atraídos por la autenticidad del evento y por la oportunidad de probar el mango en todas sus formas: fresco, en nieves, dulces, mermeladas o como ingrediente en los platillos de la cocina regional. Más allá del festejo, el festival es una plataforma para visibilizar el trabajo de las y los productores locales, impulsar el comercio justo y preservar una herencia que sigue creciendo con orgullo.

En El Pescadero, ubicado en el municipio de La Paz, se celebra también su propio Festival del Mango, donde la comunidad se reúne en torno a la música serreña los bailes tradicionales y los concursos de platillos elaborados con distintas variedades de mango local. El ambiente es familiar y festivo, y destaca la importancia del mango como eje de identidad regional.
San Bartolo, un pequeño pero fértil poblado enclavado en la Sierra de La Laguna, es conocido por sus huertas, dulces artesanales y mangos de inigualable sabor. Su festival ofrece una experiencia auténtica: recorridos por las huertas, venta de conservas caseras, talleres y encuentros comunitarios que rescatan las tradiciones rurales del sur californiano.
Cada una de estas localidades celebra el mango desde su propia visión, pero todas coinciden en algo: esta fruta no es solo una delicia del verano, sino parte esencial del alma de sus comunidades.
El mango como parte de la gastronomía en Baja California Sur.
El mango de Santiago es reconocido por su sabor intenso, su textura jugosa y su color dorado. Estas cualidades lo convierten en un ingrediente estelar tanto en preparaciones tradicionales como en propuestas de cocina contemporánea.
En los hogares del sur, durante los meses de verano, es común ver mesas adornadas con platos sencillos pero memorables: ensaladas frescas con mango y chilito, ceviches con toques tropicales, o aguas frescas que mezclan su pulpa con albahaca, jengibre o limón.
Pero el mango también ha conquistado los menús de restaurantes de autor. Chefs locales lo integran en creaciones que fusionan técnicas modernas con ingredientes de la región.







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